No todo lo que vivimos es casualidad.
Dios puede redimir el dolor, abrir puertas y convertir nuestra posición en una plataforma de servicio.
La pregunta no es solo: «¿Dónde estoy?», sino: «Señor, ¿para qué me has colocado aquí?»


No todo lo que vivimos es casualidad.
Dios puede redimir el dolor, abrir puertas y convertir nuestra posición en una plataforma de servicio.
La pregunta no es solo: «¿Dónde estoy?», sino: «Señor, ¿para qué me has colocado aquí?»